Grabando la tortura de perros

•16 febrero 2011 • 1 comentario

Un individuo en Badajoz se dedica a torturar de diferentes maneras y durante horas a cachorros de perro hasta la muerte para después colgarlo en vídeo. En España hacer algo así es sinónimo de multa.
Julio Ortega Fraile | Maltrato Animal: Un Crimen Legal |
http://www.kaosenlared.net/noticia/grabando-la-tortura-de-perros

Al más puro estilo del cine Gore pero con protagonistas reales. Un individuo que se hace llamar “Lulu” ha colgado en su página de internet, “Asesino Knino”, vídeos en los que aparece torturando a cachorros de perro. La policía está intentando atrapar a este psicópata que describe paso a paso el proceso que sigue para matar las crías, y lo hace dando detalles como los siguientes: “quemaduras prolongadas en pata, oreja y hocico (la del hocico ha sido para comprobar reflejos), fractura de miembros delanteros, mutilación, sal en las heridas, penetración rectal con elemento cortopunzante, abuso psíquico (11 horas en total), incluye ingesta de sus propias deyecciones (aclara que todos los cachorros que ha matado se han defecado del terror), asfixia mecánica, práctica del “cristo”, rompiendo sus omóplatos y pasando sus patas a la posición contraria…”.

La filmación de su blog demuestra que lo anterior y otras prácticas igual de espantosas, ni son bravatas ni perviven tan solo en la imaginación de este miserable, sino que las ha llevado a cabo y además se siente orgulloso de su conducta. Entre sus comentarios podemos leer: “Admirad mi peli, hecha con todo el cariño y amor por la naturaleza. Cuidado vecinos de Badajoz, que voy a por el suyo en cuanto lo descuiden…”. Hace muy poco, también en la capital pacense, apareció un braco atado en la vía férrea y decapitado, la infortunada criatura había sido rescatada pocos días antes después de que la arrastrasen con un coche atada a un cable. Muchos recordamos casos como el del “Matagatos de Talavera” con su orgullosa exhibición de gatos muertos tras apedrearlos, el de Juan Lado que acabó con la vida de su pastor alemán a palos, o tantos otros en los que animales son quemados vivos, lanzados desde ventanas, descuartizados, desollados, arrojados a ríos amarrados a un peso, colgados y acuchillados… Parece no haber límite ni en la forma ni en el número para la crueldad más repugnante y extrema con estos seres indefensos por parte de cobardes sanguinarios ebrios de sadismo.

Por supuesto que toda la sociedad, con sus políticos a la cabeza, se lamenta por semejantes hechos y abomina de los mismos. De acuerdo, vamos a creerles y admitir que su dolor y rechazo son sinceros… Vamos a jugar a hacernos los idiotas. ¿Seguro que es eso lo que sienten?, yo no lo estoy tanto, lo cierto es que no me lo trago, y no me refiero a los ciudadanos, sino a los responsables de elaborar las leyes en las que se contempla la calificación para dichos actos y la pena que les resulta aplicable. ¿Conocen algún caso en España en el que uno sólo de esos criminales haya ido a parar a la cárcel? Yo les garantizo que no y que todo lo más, lo que hacen es rascarse el bolsillo para pagar una multa. ¿Qué credibilidad puede ofrecerme por lo tanto quien se limita a ejercer una condena moral sin reflejarla de modo adecuado en la ley cuando tiene competencias para hacerlo?

Muchos estamos hartos del teatrillo que los legisladores representan cada vez que no les queda más remedio que expresar públicamente su opinión sobre sucesos como los descritos. Cansados de su verborrea vacía y cínica lanzando mensajes de respeto, de libertad, de protección de nuestro entorno o de convivencia pacífica, toda una suerte de declaraciones de intenciones que la sangre de inocentes se encarga de diluir y para que al final, sólo sean aplicables tales principios cuando las víctimas son seres humanos – y no siempre -. No suscita más que repugnancia comprobar cómo en el modelo especista de comportamiento social que nos venden como patrón de conducta a seguir, no sólo a los animales se les ha privado de cualquier derecho fundamental, sino que a quienes los maltratan o los matan en acciones tan perversas se les otorga veladamente la potestad y la impunidad para cometer abusos sobre esos seres, porque al menos en nuestro País el Código Penal no conlleva el menor efecto disuasorio y sólo es la ética personal la que determina que se ejerza o no como verdugo de animales.

El video que da fe de esta atrocidad habría que servírselo con el desayuno a todos a los que compete la redacción de las leyes y su aplicación obligándoles a que lo viesen, tal vez después de hacerlo no mostrarían la actual indiferencia y laxitud con la que se enfrentan a sucesos de esta naturaleza. Me consta que los cuerpos policiales están poniendo todo su empeño en encontrar a este torturador y asesino. Y lo harán, pero después, ¿qué ocurrirá?, ¿regresará a su casa acusado de maltrato animal y con una sanción económica? A tenor de nuestra actual legislación así será. Y si ya la acción cometida sobre un perro, un gato, un burro o una vaquilla es per se motivo suficiente para condenar a prisión a su autor, es imprescindible recordar lo que profesionales de los cuerpos de seguridad, de la medicina y trabajadores sociales no se cansan de repetir y se tiene muy en cuenta en otros países – en España, como siempre, vamos de listos y despreciamos los resultados extraídos de estudios y estadísticas cuando no se ajustan a lo que nos conviene – los antecedentes de crueldad con animales están presentes en gran parte de los casos de conductas violentas contra personas. Quien tenga estómago para ello que vea las imágenes del torturador “Lulu” y que reflexione. Se pueden encontrar en internet. Quédense con la mirada de ese cachorro y si ostentan alguna responsabilidad sobre las consecuencias legales de delitos como éste, espero que su imagen les persiga hasta el fin de sus días, o hasta que tengan la valentía y la decencia de rectificar y entender que el criminal se define a si mismo con su comportamiento y no en función de la especie de la víctima.

Julio Ortega Fraile

http://www.findelmaltratoanimal.blogspot.com

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Más información:
Defensa animal
Derechos Humanos
Estado Español
Extremadura

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El juicio contra Simone Righi, el italiano dueño de los perros asesinados.

•30 enero 2011 • 1 comentario

El juicio contra Simone Righi, el italiano dueño de los perros asesinados.
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EL SAINETE DE LOS QUE QUIEREN VER EN LA JUSTICIA EL VERBO AJUSTICIAR
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El juicio ha quedado visto para sentencia. El juicio en un principio estaba preparado para tardar solo una mañana, pero ha tardado un día y medio.
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El abogado de Simone ha desmontado punto por punto toda la argumentación del fiscal y del abogado de la acusación.
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Se han escuchado muchas mentiras por parte de los testigos de ellos, eso por no recalcar que solo sabían decir que no se acordaban de nada.
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A la alcaldesa la han pillado, tal y como lo refleja la prensa, y es que para mentir hay que tener memoria y la mentira tiene patas cojas. ¿Si alguien te pegara no te recordarías?
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El fiscal, muy duro, no ha rebajado la petición de 10 años. El Abogado del Ayuntamiento también se mostró durísimo.
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Simone estuvo formidable. Con su verdad se identificaron todos los que estuvieron allí y lo vieron en vivo y en directo.
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Ha sido muy surrealista escuchar muchas cosas y tener que mantenerse callados. Cosas como para arrancarse los pelos de rabia. Ante tales argumentos, la dimensión de Simone alcanzó el nivel de un terrorista, propenso a pegarle a todo el mundo.
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Este vídeo demuestra que Simone fue agredido

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Ahora sólo resta esperar a que los jueces deliberen. Esperamos que la semana que viene se sepa algo. Esto no ha terminado.
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Dejo varios links que reflejan el acontecimiento en la prensa
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Un vídeo cuestiona las declaraciones de los policías
http://www.lavozdigital.es/cadiz/v/20110125/cadiz/video-cuestiona-declaraciones-policias-20110125.html
¿El fiscal resta importancia a la declaración de la alcaldesa Teófila Martínez?
http://www.lavozdigital.es/cadiz/20110125/local/fiscalia-resta-importancia-identificacion-201101251245.html
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Juicio sobre el caso de la perrera – Foto 1 al 9
http://www.lavozdigital.es
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¿El fiscal duda de la agresión a la alcaldesa?
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/fiscal/duda/agresion/Teofila/Martinez/elpepuespand/20110126elpand_11/Tes ..

¿Esto no es perjurio?
http://www.diariodecadiz.es/article/cadiz/888256/teofila/identifica/simone/tras/decirle/fiscal/no/vio/quien/intento/pegarle.html

El fiscal insiste en pedir 10 años de cárcel por la agresión a la alcaldesa
http://www.diariodesevilla.es/andalucia/detail.php?id=889525#opi
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“Nuca me pasó por la cabeza agredir a nadie”
http://www.diariodecadiz.es/article/cadiz/889685/nunca/se/me/paso/por/la/cabeza/agredir/nadie.html
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.ARTÍCULO DE YOLANDA PLAZA RUIZ QUE NO DEBES DEJAR DE LEER
http://www.kaosenlared.net/noticia/simone-righi-carcel-talones

http://linde5-otroenfoquenoticias.blogspot.com/2011/01/el-juicio-contra-simone-righi-el.html

SUSI EN PELIGRO: comienza a rechazar la comida

•18 enero 2011 • 3 comentarios

»Susi en peligro: empieza a rechazar la comida«
Enero 18
Susi, la elefanta que aún sobrevive en el Zoo de Barcelona, está siendo tratada por presentar dolencias que son causa de muerte en los elefantes: cólicos y complicaciones intestinales. Y ya ha comenzado a rechazar los alimentos. Y lo que es aún más grave: mientras los científicos recomiendan reposo y tranquilidad para tratar estas enfermedades, el zoo le obliga a soportar los ruidos y el estrés causados por maquinarias y operarios que trabajan en su mismo recinto.

Susi presenta su abdomen cada vez más hinchado de forma absolutamente anormal, y nos consta que continúa con complicaciones y trastornos intestinales desde hace al menos 4 meses. La dolencia ha llegado a tal punto que Susi se niega a comer y podría sufrir de deshidratación. Los cólicos y diarreas son unas de las causas de muerte de elefantes más común en los zoológicos; de hecho, en términos estadísticos, es la que tiene mayor incidencia en la muerte de elefantes en cautividad.

Síntomas

Los sintomas típicos de este tipo de dolencia son: reducción del consumo de agua y pérdida de apetito, a veces tendencia a comer barro; carencia de mucosa en las heces al tender a consumir corteza de árboles u otro tipo de forrajes que no contienen agua, agua que es esencial para mantener las actividades metabólicas; rugidos del vientre; heces más pequeñas de lo habitual; dolor abdominal; hinchazón de pies, pecho u otras zonas del cuerpo; tos y estado de somnolencia; apatía. Se sienten muy incómodos, sufren dolores y tienden a tumbarse en el suelo, posición que empeora la situación de salud.

Si las heces se van haciendo cada vez más pequeñas, quiere decir que la dolencia se ha convertido en crónica y ya no tiene cura, por lo que los zoos suelen aplicar la eutanasia en estos casos, como forma de dar una muerte humanitaria al animal. Esto es exactamente lo que sucedió con Alicia, cuya muerte en 2008 motivó el lanzamiento de nuestra campaña “LIBERA a SUSI”, a la que se aplicó eutanasia por padecer de diarrea crónica.

Se acerca el final

Como si de una broma de mal gusto se tratase, mientras los especialistas recomiendan tratar las enfermedades que aquejan a Susi con un estricto reposo y tranquilidad, ella es obligada a exhibirse a los visitantes, soportando así el estrés causado por las máquinas y operarios que están trabajando en su parcela, por lo que además de tener que vivir por lo que duren las obras en un espacio mínimo, debe soportar el ruido constante de la maquinaria que se está utilizando.

Susi está siendo tratada con parafina líquida y entero-silicona… pero no es solo esto lo que ella necesita. La elefanta requiere de un traslado urgente a otro tipo de instalaciones en las que podría llevar un vida digna, en compañía de más miembros de su especie, con una cantidad de espacio mayor y más adecuado a sus necesidades, donde además recibiría una dieta nutritiva y adaptada a su actual estado de salud.

Desde LIBERA! queremos recordar que el Zoo de Barcelona cometió un grave error al traer otra elefanta africana, pretendiendo con ello solucionar la depresión por soledad que afecta a todos los elefantes en cautividad solitaria. Como ya advertimos un mes antes de su llegada, Yoyo no es la solución para Susi, ni los zoos son una buena opción para los elefantes: un año después de este hecho, el zoo todavía no ha conseguido reunirlas. Y tampoco lo conseguirá.

El final se acerca, y es el Ayuntamiento de Barcelona quien tiene el poder para decidir cuál será el final de esta historia: si Susi, la elefanta que fue apoyada por la Reina y Don José Saramago, acaba sus días dignamente en estado de semi-libertad, o si sus dolencias acaban con su vida en el cada vez más triste zoo de Barcelona.

http://www.liberaasusi.org/noticia.php?id=58

Armas en manos de cazadores

•22 diciembre 2010 • Dejar un comentario

La facilidad con la que los cazadores pueden obtener una licencia de armas y su acceso a las mismas, contribuye a que el número de accidentes y asesinatos cometidos con ellas aumente cada vez mas

Quien solicita una licencia de armas puede hacerlo por diversos motivos: en razón de su profesión, como por ejemplo un policía; con la intención de protegerse en caso de asalto, tal sería el caso de un joyero; o para matar, ahora hablamos de un cazador. A todos ellos se les concede pero, ¿el porqué de la petición no lleva implícita la idoneidad, o no, mental e incluso ética del aspirante a poseer una pistola o un rifle? Me explico.

Todos comprendemos que los miembros de las Fuerzas de Seguridad porten un arma, o que lo hagan ciertos comerciantes por su situación de especial riesgo, y casi nunca oímos que unos u otros las utilicen para cometer un crimen. Es importante recalcar que no me estoy refiriendo a delincuentes habituales armados, sino a ciudadanos que un mal día deciden disparar contra seres humanos.

Pero ahora hagamos recuento de cuántos homicidios y asesinatos se perpetran con armas de caza, o lo que es lo mismo, cuyo autor es un cazador. El último, acaecido en Olot, probablemente ocupa por el número de víctimas, junto con el de los Hermanos Izquierdo en Puerto Hurraco, uno de los puestos de cabeza en una extensa y siniestra lista en nuestro País, donde aparecen casos de ajustes de cuentas, venganzas, disputas vecinales y laborales o los llamados crímenes de “violencia de género”.

Sí, ya sé que es preceptivo superar un test psicotécnico, pero no parece que esa prueba sea determinante para detectar ciertas inclinaciones en el solicitante, de otro modo y volviendo al cazador de Olot, no se entiende que mantuviese vigente su permiso de armas cuando era conocido su carácter pendenciero y que numerosas noches salía a la calle vestido de sheriff y comportándose como si realmente lo fuera. Y el de este hombre no es un caso aislado, las hemerotecas registran abundantes reseñas en las que cuando ya era irremediable, la gente recordaba las amenazas y la actitud violenta mantenida a lo largo del tiempo por el individuo que acabaría disparando su arma de caza contra otra persona.

¿A qué se debe, entonces, tanta laxitud en lo que deberían de ser requisitos muy estrictos puesto que ponen en manos de un sujeto un instrumento pensado para matar a distancia? La respuesta es, una vez más, el dinero. Ni los cazadores se creen que hayan de echarse al monte para procurarse alimento, y menos todavía para obtener pieles con las que abrigarse, así que no se trata más que de un mercado muy goloso en el que unos, los consumidores, se gastan cantidades nada despreciables en equiparse para acabar con la vida de animales, y otros, los comerciantes de armas y munición, de ropa especializada, de perros, de vehículos y remolques, taxidermistas, propietarios de cotos, etc., se lucran de todo lo que mueve la muerte de esas criaturas. Para las administraciones resulta mucho más rentable electoralmente aparecer como valedores de lo que denominan “generación de riqueza”, que anteponer el sentido común y la ética legislando con mayor rigidez para minimizar el riesgo de tragedias previsibles, y no “fatalidades”, como les conviene denominarlas.

Un pasado de mayor poder adquisitivo para muchos ciudadanos propició que el número de rifles aumentase hasta tal punto, que hay personas que con la disculpa de utilizarlas para la caza disponen en sus hogares de numerosas armas – no siempre declaradas – . Y mientras eso ocurre las leyes para los cazadores se han mantenido invariables en ciertas normas de seguridad, como la de la prohibición de efectuar disparos a una distancia menor de 50 metros de una carretera y de 100 metros de un núcleo poblado, que si tiempo atrás, cuando una escopeta tenía un alcance muy limitado, podían constituir una mínima garantía, hoy en día son por completo inútiles teniendo en cuenta las especificaciones de las armas modernas.

Más allá de casos como los citados, en los que las muertes por armas de caza son intencionales, es noticia cotidiana la existencia de los llamados “accidentes”, que van desde el paseante que recibe un tiro letal en la cabeza cuando camina por el monte, al disparo que entra en el interior de un restaurante en el que se está celebrando un banquete, pasando por impactos en fachadas de viviendas. Y en muchos de estos sucesos, el lugar en el que hizo blanco el proyectil estaba situado a cientos de metros del lugar donde se desarrollaba la cacería, lo que da buena cuenta de cómo la legislación parece más ajustada al uso de un tirachinas que de los rifles empleados actualmente para la actividad cinegética. Una ley adecuada al respecto haría disminuir en gran medida el estremecedor número de siniestros de esta naturaleza que se suceden en nuestro País.

De cualquier modo, lo irrefutable es que quien pide una licencia de armas para cazar la está demandando para matar a seres vivos, y esa pretensión tendría que constituir per se un impedimento para obtenerla, pues si apretar el gatillo contra un animal por el placer de hacerlo ya es algo perverso, hay que sumarle la certeza – ampliamente demostrada y documentada por psiquiatras e historiales delictivos – de que es común encontrar episodios de violencia con animales en los antecedentes de sujetos que después la han ejercido contra personas. Y quien es emocional y éticamente estable, con aptitudes para la tenencia de un arma, no desea hacerse con una para matar, y no lo hace porque no encuentra satisfacción en arrebatar una vida. Quien viste ropas paramilitares, muestra prepotencia y brusquedad, se lleva por delante a seres vivos de otras especies, maltrata a sus perros y convierte todo ese universo violento en su pasatiempo irrenunciable, está ofreciendo evidencias innegables de su carencia de condiciones para disponer de armas, pero la realidad indica que es precisamente ese tipo de persona quien solicita la licencia para poseerlas y a quien se le otorga. En ese instante se está cometiendo una negligencia, por muy legal que sea con la actual normativa, que en no pocas ocasiones desembocará en un drama.

Por esos motivos, más allá de las habituales piezas cinegéticas, en España se pudren innumerables cuerpos de perros de caza asesinados por sus propietarios o por otros con los que éstos mantenían algún tipo de rivalidad; de caballos, y la Provincia de Pontevedra es un triste ejemplo de las docenas de equinos con munición de caza alojada en su cadáver; o de seres humanos abatidos a tiros gracias a que un día se cruzó en sus caminos un cazador. La nueva Ley, a la que los escopeteros oponen una resistencia enconada, acaso alivie la herida, pero no va a dejar de sangrar, no lo hará mientras mediante un trámite burocrático cualquiera pueda obtener una licencia tipo D o E para matar animales. Y sí, el ser humano también es un animal. Tal vez por eso algunos no distingan cuando disparan.

Julio Ortega Fraile

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Vida y muerte de un cerdo español

•22 noviembre 2010 • Dejar un comentario

Por Henrique Mariño
“Trae la cámara, mira lo que me he encontrado”. Enfundado en un mono blanco con capucha que lo cubre de la cabeza a los pies, un miembro del equipo de investigación de Igualdad Animal entra en la nave y enciende el foco. Las ratas, encaramadas en los conductos de alimentación que rozan el techo de las instalaciones, se ven sorprendidas por la luz cegadora y huyen a la procura de un refugio de sombra. Al final del pasillo, flanqueado por cubículos donde dormitan decenas de animales, hay un cerdo que yace en el suelo. De su boca mana vómito y sangre. Sus patas, trémulas, trazan una sufrida danza macabra en el aire. El objetivo de Iván plasma la agonía de un puerco enfermo que ha sido apartado del resto y consume sus últimas horas de vida tirado en el cemento, abandonado a su mala suerte.
La atmósfera, espesa y sofocante, se vuelve irrespirable con el paso de los minutos y las mascarillas que portan los activistas apenas camuflan el amoníaco, producto de la mezcla de orina y excrementos, que flota en el ambiente. “Tenemos imágenes que estremecerían a cualquiera”, explica José Valle, portavoz de Igualdad Animal, que ha llevado a cabo una investigación en casi 200 granjas de cerdos españolas. “Y algunas de esas grabaciones, no vayas a creer, han sido realizadas en instalaciones consideradas ejemplares y premiadas por el sector cárnico”. Animales con los intestinos colgando, gorrinos esqueléticos que apenas articulan un gruñido, cochas que se comen a sus crías muertas…
“No dejamos de sorprendernos. En cada granja que entramos nos encontramos con algo que no habíamos visto antes”. En esta ocasión —madrugada de mayo, hacienda toledana—, un buen número de cadáveres acumulados en carretillas y contenedores al aire libre, otros simplemente tendidos en el suelo de las pocilgas, algunos recién paridos y aplastados por sus madres… Y ratas, y cucarachas, y ese aire viciado de dióxido de carbono, ácido sulfhídrico, amoníaco y polvo que torna la estancia asfixiante.
“Vemos también cerdos que devoran a otros y animales trastornados que golpean los barrotes, los muerden y tratan de escapar, por no hablar de los enfermos”, detalla el activista Javier Moreno, que se ha quedado fuera de la granja para ejercer de vigilante mientras sus compañeros documentan las condiciones de vida y muerte en esta granja situada a una hora y media de Madrid. Alba, encargada de tomar fotografías, no puede más y busca un atisbo de aire fresco en un corredor descubierto. “Este olor es repugnante”, se queja, porque hay tufos que ni la costumbre torna soportables.
Casi 200 granjas investigadas en 11 regiones
Desde el inicio de la investigación, en agosto de 2007, Igualdad Animal ha penetrado de noche en explotaciones porcinas de once comunidades autónomas y se ha cuidado de filmar fichas y etiquetas que las identifican, así como periódicos y coordenadas de GPS para avalar el lugar y la fecha concreta de las grabaciones. También, en ocasiones, lo ha hecho de día y ha llegado a entrevistar, haciéndose pasar por estudiantes, a sus responsables. Según la organización animalista, en ellas se producen castraciones y cortes de rabos y dientes sin anestesia; algunos cerdos poseen tumores y enfermedades oculares; otros sufren heridas abiertas sin tratar, así como prolapsos rectales y uterinos.
Los animalistas se encontraron con marranos de los que pendían sus vísceras y, como muestran estas imágenes, a uno de ellos le incrustaron un tubo para que defecase a través de él. Un prolapso, rectal o vaginal, significa precisamente eso: cuando cae o desciende un órgano. “Sus compañeros le mordían justo ahí. Pero muchas enfermedades no son curadas mientras no influyan en el rendimiento económico. Así, las cerdas con parte de su aparato reproductor fuera de su cuerpo no habían sido tratadas, aun a riesgo de resultar infectadas”.
Con los reales decretos relativos a las normas mínimas de protección de cerdos en la mano, Igualdad Animal asegura que en las granjas españolas se incumple la normativa y que, desde que una cerda se queda preñada hasta que es transportada al matadero, se cometen irregularidades. “Las ilegalidades son una constante en la inmensa mayoría de los casos”, apunta Valle, “y un reflejo de cómo son vistos los animales”. En la fase de la gestación, añade, el roce con las jaulas les produce úlceras y, como las uñas no se desgastan por la falta de movilidad, tienen dificultades para ponerse en pie, lo que les causa dolor.
Trastornos psicológicos por su inmovilidad
El sufrimiento no es sólo físico, sino también psicológico, sostiene. “El alojamiento en jaulas conlleva el desarrollo de apatía, estrés social y estereotipias, que son dispositivos de adaptación en un ambiente inadecuado y representan un indicador etológico de un estado de ansiedad o frustración”, ilustra la organización con un dossier que enumera las más frecuentes: mover la cabeza sin parar, morder los barrotes, hacer movimientos de masticación con la boca vacía y manipular el bebedero y el comedero.
Estas estereotipias, o repetición de gestos y acciones, se producen también cuando las cerdas son llevadas a las jaulas del área de maternidad, aproximadamente una semana antes de dar a luz. En esos armazones (que pueden medir unos cuatro metros cuadrados: 60 centímetros de ancho, por un metro de alto y 2,10 metros de largo) permanecen hasta 28 días después del nacimiento de sus crías y, una vez separadas de ellas, vuelven al área de gestación para ser inseminadas de nuevo.
“Las condiciones son terribles y espeluznantes”, apostilla José Valle, quien añade que los tratamientos se realizan en función del rendimiento económico del animal. “Para reducir pérdidas, les cortan dientes y rabos. Cada mordisco dado equivale a menos dinero, porque esa carne no podrá ser comercializada”. ¿Por qué, entonces, esos gorrinos moribundos en las cochiqueras y en los pasillos? “El método a aplicar es el más barato: los dejan ahí para que se mueran tanto por el desarrollo de su afección como por la falta de agua y comida. Si tienen una enfermedad, procuran aislarlos, porque pueden morder a otros y habría un riesgo de contagio. En ocasiones, los estampan contra la pared y el suelo. Hemos visto paredes manchadas de sangre, donde han sido golpeados”.
Ese olor en las ropas
Lo hacen así, prosigue el portavoz de Igualdad Animal, “para no perder cinco minutos sacrificándolos”. Los procedimientos que se aplican para matar a los animales tienen, según él, un coste de tiempo, energía y dinero: dióxido de carbono, inyección letal, pistola de proyectil cautivo… “Pero los hay más baratos, como el garrotazo: no tienen ningún interés en cumplir determinadas normas que le supongan un gasto adicional”.
Alba e Iván dejan atrás las pocilgas y, cuando se disponen a abandonar el recinto, se topan con una carretilla repleta de fetos y placentas. A unos metros, detrás de un pequeño muro, un par de cadáveres de marranos adultos al relente, sin mayor protección que la noche. Es hora de contactar con Javier, regresar al coche y emprender el camino de vuelta. Llevan consigo más de dos horas de imágenes y un hedor que el cambio de ropa no logrará mitigar. Con ellos también va Mateo, un joven italiano interesado en el animalismo que exportará a su país, tras un proceso de aprendizaje a pie de granja, la causa de Igualdad Animal, que no es otra que el fin de la explotación animal y el veganismo.
“No pretendemos denunciar las condiciones de vida de los cerdos para que sean mejoradas, sino generar un debate social. Cuestionamos el hecho en sí de que sean explotados y reclamamos un mundo más justo para todos, independientemente de la especie a la que pertenezcamos”, dejan claro los miembros del colectivo, mientras ponen rumbo a casa.
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El sector cárnico rebate la investigación de Igualdad Animal
Público se ha puesto en contacto, para rebatir el testimonio y la denuncia de Igualdad Animal, con Antonio del Barrio, presidente de la Asociación Interprofesional Porcino de Capa Blanca (INTERPORC) y director de la Asociación Nacional de Productores de Ganado Porcino (ANPROGAPOR), que nos ha remitido a un comunicado oficial (word) difundido por la segunda en el que tachan las conclusiones de la “supuesta investigación” de “tan injustas como alejadas de la realidad de nuestro sector”, cuyos trabajadores “cumplen estrictamente con la legislación de la Unión Europea en general y de España en particular sobre el ámbito del bienestar animal en explotaciones ganaderas”.
ANPROGAPOR, que no niega la posibilidad de que existan “determinadas excepciones que incumplen las normas establecidas para tal fin”, deja claro que localizará a los propietarios de las explotaciones “que han permitido la entrada” de los animalistas. Además, “pondrá los diferentes casos en manos de sus asesores jurídicos con el objetivo de poner en marcha los procesos legales pertinentes, denunciándolos por el incumplimiento manifiesto de las normas incluidas en la Directiva de Bienestar Animal de la UE y en la legislación española que son de obligado cumplimiento”, así como por “los daños y perjuicios ocasionados por la mala imagen ofrecida a la opinión pública de los profesionales españoles del sector porcino español que cumplen estrictamente con la normativa europea y nacional en este ámbito”.
La asociación también tratará de localizar “aquellas granjas en donde de forma nocturna, clandestina y con alevosía, han penetrado los equipos de Igualdad Animal para llevar a cabo su labor documental, con el fin de ponerlo en conocimiento de los propietarios de estas explotaciones y puedan denunciarlo ante las autoridades competentes, tanto por el allanamiento de morada e invasión de propiedad privada, como por los perjuicios sanitarios y económicos que estos supuestos ‘investigadores’ han podido y todavía pueden ocasionar a estas explotaciones ganaderas”.
INTERPORC representa, en la rama productora, a la sectorial de porcino ANPROGAPOR, las organizaciones agrarias ASAJA, COAG y UPA, la Confederación de Cooperativas Agrarias de España (CCAE) y la Asociación Nacional de Comerciantes de Ganado Porcino (ANCOPORC); en la rama sacrificio-industrializadora, cuenta con la Asociación de Industrias de la Carne de España (AICE) y la Federación Catalana de Industries de la Carne (FECIC), agrupadas en Confecarne, y con la Asociación Española de Empresas de la Carne (ASOCARNE), la Asociación Nacional de Almacenes Frigoríficos de Carne y Salas de Despiece (ANAFRIC ), la Asociación Profesional de Salas de Despiece y Empresas Cárnicas (APROSA) y la CCAE.
Comunicado oficial de ANPROGAPOR

http://blogs.publico.es/henrique-marino/2010/11/22/vida-y-muerte-de-un-cerdo-espanol/

Taurinos y toreros arrepentidos; testimonios y manifiestos

•21 noviembre 2010 • 14 comentarios

El testimonio de un Ex Taurino (Juan Fernando Echeverri Calle)

“Fui un gran aficionado a la “Fiesta” Brava no obstante ser enamorado y amante de los animales. No me perdía corrida, fui cofundador de la Porra a Ramón Ospina –El Insobornable- asistí a festejos, foros, charlas, trincas y todo lo que tenía que ver con el mundo del toro, hasta que hace unos años me llegó este mensaje…y las lágrimas de ese toro cárdeno, sumadas a una hermosa y sentida columna en EL COLOMBIANO de Alvaro Múnera “El Pilarico” me hicieron pensar.Que crueldad y yo celebrándola. Que asesinatos y uno gozando con ellos. Que infamia a los ojos de Dios y de los hombres. Que herencia de las cavernas y del circo Romano. ¡Nos quejamos de la violencia en Colombia y la crueldad?… Nunca más volví a toros…¿Qué no sienten? ¿Qué nacieron para morir en la arena? ¡Mamola! Unguentos adormecedores que se echan en la conciencia los “taurinos”, para aliviar su pena”¿Cuándo acabaremos con la “fiesta” brava y utilizamos dichos espacios para eventos de verdadera culturización y esparcimiento ciudadano?¿Cuándo utilizaremos los teatros y los espacios televisivos para enseñar principios y valores y no para hacer la apología del delito y para catequizar a futuros sicarios y delincuentes? (el capo, las muñecas de la mafia, Rosario tijeras, los pecados de mi padre, etc)¿Dónde están encuevados los Ministros y los Secretarios de Educación, Cultura y Medio Ambiente?

Jorge Ross, torero arrepentido

Hay que estar mentalmente enfermo o ser el lógico engendro de una ignorancia tenebrosa para disfrutar con la práctica de la crueldad; pero utilizar el instrumento de la retórica para que esa práctica perdure, convertida en un derecho humano, es el acto demoníaco por excelencia.Este acto llamado “rasgo cultural” es una barbaridad… que dolor más grande y sufrimiento injusto deben sentir los toros antes de morir y cómo la gente puede disfrutar de estos espectáculos de maltrato animal, que sólo sirven para un desorientado entretenimiento (in)humano.Realmente tengo la esperanza que este tipo de actos se terminen extinguiendo al igual que en su tiempo fueron, las luchas de gladiadores.

Ex torero “Chiquilin”

«Ahora no puedo ver un descabello y vuelvo la cara. Los animales sufren y le duelen las cosas. Los toros te miran y tienen cara de buena gente». ¿Hoy sería capaz de matar a un toro? «Ahora no. Tengo piedad de ellos». «Una vez me dio cosa matar a uno, por que el animalito era muy bueno. Me tenía en el suelo, me miró y no me quiso hacer nada». ¿Y esas cosas pasan? «A mí me pasó. Me miró y me dijo: «¿Qué hago? ¿Te mato?». «Yo he visto a toros llorar. El toro siente y, a la vejez, me ha dado sentimiento de los toros. Tengo una perra desde hace ocho años y me ha hecho cambiar con los animales. Yo, que he ido de cacería todos los días durante mucho tiempo, ahora soy incapaz de matar una mosca. El otro día un grillo me dio la guerra toda la noche, hasta que me levanté y lo encontré en la maceta. Lo miré y lo solté. Increible. Me ha pasado algo muy raro».

EMILIO SORIANO |Emilio J. Soriano es director del Colegio Público Antonio Díaz.

Me aficioné a los toros, siendo un niño, a través de la televisión. Entonces eran frecuentes las retrasmisiones de corridas, amenizadas por la magistral locución y erudición del inigualable maestro Matías Prat. En mi memoria quedaron los nombres y las faenas de los diestros Diego Puerta, Paco Camino, El Viti, Ordóñez, Palomo Linares, Curro Romero, El Cordobés, etc. He disfrutado con la belleza y el arte de una buena faena cuando el toro entra y el torero está acertado. A las plazas de toros fui en contadas ocasiones por razones económicas. Las últimas corridas las presencié en el coso de La Condomina: fueron festivales organizados a favor de la Asociación Española Contra el Cáncer.Llegó un momento en que decidí no ir más a la fiesta porque dejé de disfrutarla: cuestionado por el rechazo que mis hijos manifestaban hacia las corridas comencé a poner mi atención en el toro, en detrimento del buen hacer del torero. Paulatinamente fui tomando conciencia de que allí había un pobre animal que sufría terribles daños físicos para que nosotros nos divirtiésemos; sufrimiento que empieza en los chiqueros y culmina con una muerte atroz. (El profesor Salvador Hidalgo explicaba con detalle en su artículo ‘La vergüenza nacional’, publicado en estas mismas páginas, la tortura que se infringe al toro en cada lance de la corrida). Fui percibiendo lo bárbaro que es este festejo, y comencé a preguntarme cómo podíamos permanecer impasibles ante la brutal suerte de picadores, levantarnos alborozados de los asientos, aplaudiendo efusivamente, cuando un banderillero ensartaba al toro con puñales multicolores, cómo se podía jalear al maestro, por mucha belleza que tenga el toreo al natural, cuando incitaba con el capote a un animal agotado que no dejaba de manar sangre, o presenciar el sadismo de los pinchazos, estocada y descabello. Me interrogaba por qué toda la plaza saltaba alborozada ante tamaño sufrimiento; la contemplación del arte torero en una buena faena que exulta al espectador es la explicación. Pero ¿y el toro? ¿por qué no vemos el martirio que está padeciendo? La justificación que encontré fue que durante la corrida, inconscientemente, ‘cosificamos’ al animal, por esto no percibimos su dolor. Sólo interesa su bravura, y que entre al engaño del maestro para que pueda sacar a relucir lo mejor de su repertorio.Pero no podemos negar la realidad, asistimos al suplicio de un noble animal para divertimento nuestro. La apelación a que el toro ha nacido para morir en la plaza es una idea pretenciosa; si él pudiese elegir sabiendo lo que le espera en la lidia, no iría. No es razón argumentar que si las corridas desaparecieran descendería sensiblemente el número de toros nacidos, mejor así que someterlos a la crueldad de su destino final. Tampoco es válida la justificación del riesgo que asume el diestro de perder la vida en un combate de igual a igual, porque no lo es, y porque él elige libremente el peligro. Esgrimir que los quince minutos que permanece el toro en el ruedo es el precio a pagar por la privilegiada vida que se le proporciona en la dehesa, sonroja. El hecho de que hay mucho dinero y puestos de trabajo alrededor de las corridas, con ser cierto, no puede justificar la tortura a un animal por muy bravo que sea. Defender las corridas apelando al pensamiento de insignes filósofos humanistas, o al doctor Martin Luther King, defensor de los derechos humanos para toda raza y condición social es, cuando menos, una broma de mal gusto. Acudir a la tradición tampoco las justifica, las culturas cambian con el paso del tiempo dejando atrás prácticas reprobables. Algunos países ya han erradicado las corridas, otros ha suprimido la caza del zorro, las peleas entre animales, etc.Recientemente, con el fin de proteger la fiesta de los toros se han tomado decisiones políticas, algo precipitadas, declarándola Bien de Interés Cultural en algunas comunidades autónomas. Es cierto que en torno a ella se ha creado una cultura específica que se manifiesta en el vestuario, bordados, vocabulario, música, pintura, literatura, escultura… Sin embargo, es difícil defender como bien cultural un festejo que requiere el sufrimiento gratuito de un animal para que un profesional pueda demostrar su arte.Amable lector, no pertenezco a ningún colectivo antitaurino, pero creo necesaria una reflexión desapasionada de la cuestión. Este artículo es una aportación más al debate público que actualmente hay abierto en nuestro país. Vivimos en una sociedad cada vez más civilizada y garante del derecho de los animales, lo que implica no someterlos a sufrimientos innecesarios para esparcimiento nuestro.

Francisco González Ledesma es periodista y escritor.

Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo… Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista

Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.

Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad…! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?

Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto.

Alvaro Múnera ex torero

Dice el escritor y periodista Jorge Ross en su libro La hora de los Jueces: ‘Es preciso estar mentalmente enfermo o ser el lógico engendro de una ignorancia tenebrosa para disfrutar con la práctica de la crueldad, pero utilizar el instrumento de la retórica para que esa práctica perdure, convertida en un derecho humano, es el acto demoníaco por excelencia’.

No creo que en aquella época de equivocadas decisiones cuando hice parte del mundo taurino estuviese mentalmente enfermo, pero de lo que estoy absolutamente convencido es que sí era el lógico engendro de una ignorancia tenebrosa.

Ignorancia que Dios quiso dejara atrás atravesando a ‘Terciopelo’ en mi camino, esclareciendo mi óptica del mundo después de haber superado con creces una limitación física, dedicar mi vida al servicio y vivir cuatro años fuera del país señalado como un absoluto delincuente por lo que le hacía a los toros.

Sabemos que para justificar su afición por las corridas, de retórica se arman hasta los dientes los amantes al coliseo romano moderno, le cuelgan a ese rito de sangre y muerte toda clase de arandelas, lentejuelas, labia pomposa y pasodobles, cuando la realidad de la mal llamada ‘fiesta’ es clavar, clavar y enterrar hasta matar, cuanto elemento corto punzante se tenga a la mano en el cuerpo del inocente animal, tan sensible al miedo y al dolor como usted, como su perro o como Yo, el cerebro del torturado responde ante el dolor de la misma forma en todas las especies, ¿hacemos la prueba en usted señor Capellán de la plaza, en usted señor periodista o en usted señor abonado de sombra?

Es cierto que una cosa es mirar los toros desde la barrera, obvio, si hasta allí no llegan los puyazos, la tortura y la muerte, es mejor beber manzanilla y gritar ¡Olé! Que vomitar sangre a bocanadas con una espada incrustada en los pulmones, no es necesario tener mínimas nociones de anatomía para entender que todo ser viviente con un sistema nervioso central sufre cuando le hieren, basta aplicar la máxima cristiana ‘No hagas a otros lo que no quisieras que te hicieran a Ti’.

Vivimos y para nuestra vergüenza como sociedad que procura ser cada día más civilizada, la masacre por diversión de cincuenta toros en el centro de ‘espectáculos’ la Macarena.

Sin embargo soy optimista, la gran legión de ex taurinos arrepentidos crece a pasos agigantados, personas que como Yo entendieron que a todos nos llegará La hora de los Jueces y muy seguramente la crueldad no será la actitud que se tenga en cuenta por Dios como una virtud, los invito a reflexionar, nunca es tarde. Prueba de esto lo encuentran en la entrevista que el periódico ABC de Madrid le hizo al ex torero ‘Chiquilín’ el 27 de noviembre pasado, dice literalmente otro que torturó animales ‘Ahora no puedo ver un descabello y vuelvo la cara, los animales sufren y les duelen las cosas, los toros te miran y tienen cara de buena gente’. Pregunta el periodista ¿Hoy sería capaz de matar a un toro? ‘Ahora no, tengo piedad de ellos, Yo he visto a toros llorar’.

‘El Pilarico’ también los vio llorar y mientras persista esta crueldad, el corazón de Álvaro Múnera y el de millones de personas no dejarán de llorar por todas las víctimas humanas y no humanas de la violencia, y demoníaco será por excelencia si esa violencia se aplica por diversión

Miguel Angel Martinez ex aficionado , ahora coordinador de reportes de crueldad contra fauna doméstica

Antes de comenzar debo presentarme pues al decidir escribir sobre toros, es por que se perfectamente lo que digo. Fui aficionado a los toros desde los 10 años. Trabajé en una ganadería de toros bravos por 7 años. Participé de todas las labores que implica un lugar como éste. Colaboré directamente con los matadores de toros y rejoneadores, con subalternos, picadores y empresarios taurinos. Conozco bien este mundillo de la tauromaquia. Yo, que trabajé años para una ganadería, que estuve presente en los traslados a la plaza de toros, que vi lo que ocurre tras bambalinas, puedo, con conocimiento de causa, dar mi testimonio.

Una de las principales excusas para continuar con las corridas de toros es que algunos las consideran arte. Arte a costa del sufrimiento y maltrato que sufren los toros desde los primeros días de nacidos.

Cuando el toro nace, es separado de su madre a las pocas semamas. Las crías son encorraladas y alimentadas con anabólicos y esteroides para que se vuelvan más musculosos y así puedan cumplir con la presencia (características físicas) que exigen en las plazas donde se lidearán y morirán.

Son resgistrados con el escudo o emblema de la ganadería a la que pertenecen. Se les asigna cuando nacen un número que es de hasta 3 dígitos. Todos estos datos son registrados en un libro. Estos datos, son que llevarán durante su corta vida. Pero no crean que se les cuelga una placa…se les marcan los cuartos traseros con hierros al rojo vivo que se calientan en fogatas. Como menciono, tienen el hierro de la ganadería más el número que los distingue, que es hasta de 3 dígitos. Lo que ocurre es que se les marca (quema) por lo menos 4 veces, ¡con los hierros casi a punto de fundirse! No hay anestesia ni tranquilizante que mitigue el dolor de quien en ese momento, es apenás un animal de algunos meses de nacido. Los becerros literalmente, se retuercen de dolor. Pero no todo es malo según los ganaderos hasta les ponen sus polvitos para que cicatrice más rápido . Las quemaduras son de tercer grado, de otra forma el marcaje no se distinguiría a lo lejos.

De forma que así es como inicia el de esta tradición. ¿Qué les parece?

Juan Carlos Dávalos (escritor argentino)

Aunque figure mi nombre entre los que propician el proyecto de fundar en Salta una plaza de toros, creo necesario, para quedar a mano con mi conciencia, declarar que esa firma, puesta a la ligera, no responde a mis convicciones íntimas, sino a mis sentimientos e impulsos primarios de individuo que lleva en sus venas sangre española. Y nadie se escandalice de esta chocante duplicidad, porque la esencia misma de la naturaleza humana, en todo ser que actúa y piensa, es contradictoria, y a menudo fluctúan y combaten en la superficie las ideas y convicciones y en lo profundo los instintos, los impulsos y los sentimientos, cuando no las pasiones. Por una estúpida contradicción entre lo que somos y lo que deseamos que el mundo sea, propugnamos en este momento, por un lado el sacrificio de toros y caballos y toreros —¡de caballos, pacífico herbívoro, nuestro leal amigo y víctima!— como honesto esparcimiento; mientras por otro lado le pedimos al dios de las batallas que no haya más guerras ni más estragos ni más horrores, porque, como cristianos viejos, de sangre española, que es decir católica, profesamos la fe que ordena al bípedo implume, pero feroz: ¡No matarás!… No matarás al menos sin necesidad. En este mismo instante crítico de la historia humana, en tanto que los políticos se enseñan los colmillos, mientras rusos y yanquis están a partirse el alma por quién domina en los Dardanelos, un militar romántico, un heroico y auténtico hombre de guerra, exclama ante el mundo con voz de arcángel del Apocalipsis: “Llegará el día en que la civilización colocará a los militares entre los desocupados permanentes”. No es, por supuesto, una alusión a los ejércitos que no pelean, ni a los que jamás pelearán. No tengo derecho a dudar de las palabras del insigne Eisenhower, pero sí debo guardarme muy bien de tomarlas al pie de la letra. Ya está probado que los guerreros impasibles del porvenir serán los sabios; los cuales, con sólo mover palancas y apretar botones, podrán desencadenar enormes fuerzas e imponer condiciones al enemigo, sin arriesgar más vidas que las estrictamente indispensables. En el terremoto de Lisboa perecieron setenta mil personas; poco más o menos el estrago de una sola bomba atómica, que puede ser arrojada desde un avión sin piloto…Confieso que yo pensaba en esto cuando firmé frases como ésta, referente a los toros: “En un solo instante, por un arranque temerario de valentía, puede llegarse a cosechar el cálido homenaje de las fervientes ovaciones como la frialdad inerte de la muerte”.

¿Cómo he podido elogiar así el arte frío de matar a una pobre bestia acobardada, cansada, enceguecida por la sangre que le chorrea de las cejas? ¿Hay heroísmo real, verdadero valor temerario en ello? Lo temerario es la perfidia, la crueldad que hay en convertir a una noble bestia herbívora en un tigre.

Veamos la opinión de Bernard Shaw, quien, a propósito de las bodas de Alfonso XIII con la princesa Ena de Battenberg, escribió lo que sigue:

“Ha quedado evidenciada la falsa posición, de la que no pueden escapar ni el Ejército de Salvación ni la Iglesia de Inglaterra ni ninguna otra organización religiosa, como no sea mediante una reconstrucción de la sociedad. Ellas tampoco pueden limitarse a tolerar pasivamente al Estado lavándose las manos por los pecados que éste comete. El Estado está forzando constantemente las conciencias de los hombres con sus violencias y con sus crueldades. No satisfecho con pedirnos dinero para mantener a sus soldados y a sus policías, a sus carceleros y a sus verdugos, nos obliga a tomar participación en sus actividades, so pena de convertirnos en víctimas de su violencia. Al tiempo que escribo estas líneas el mundo asiste a un acontecimiento sensacional. Se ha celebrado un matrimonio de reyes, primeramente con la administración del Sacramento en una catedral, y después con una corrida de toros, que ofrece como entretenimiento mayor el espectáculo de los caballos que ensangrienta y destripa el toro para que después, cuando el toro está tan exhausto que ya no ofrece peligro, lo sacrifique el prudente matador. Pero el irónico contraste entre la corrida de toros y el Sacramento no conmueve a nadie. Hay otro contraste: entre el esplendor, la felicidad y la atmósfera de bondadosa admiración que rodean a la joven pareja y el precio a que hay que pagarlos —bajo nuestros abominables sistemas sociales— en miseria, inmundicia y degradación de millones de otras parejas jóvenes”, etc. Y el utópico George Bernardo Sardanápalus, como él mismo se apellida, salta de aquí, hecho un arlequín, hasta el elogio del anarquista o del anarquismo. Yo no voy a seguirlo hasta tan lejos; pero me parece razonable su opinión de que si deseamos sinceramente un Estado cristiano y una pacificación de la sociedad, no se fomentan estas beatíficas tendencias inculcando a las masas el gusto por los sangrientos espectáculos que inconsciente o maliciosamente fomentamos en ellas. Y continúa Shaw: “Y comentemos cortesanamente el fino tacto y el exquisito gusto de las damas de nuestras casas reales, que aun cuando deba presumírselas plenas de natural ternura, han sido educadas tan bien que es posible hacer que vayan a ver la matanza de los caballos con la misma docilidad con que irían a ver un espectáculo de gladiadores, si fuera ése el espectáculo de moda en la actualidad”.

Salta, octubre de 1946.

El primer ex-aficionado taurino que salió a dar la cara como tal, fue Antonio Moreno, hoy presidente de CACMA en 2004.

La tiranía del Gran Dictador

•12 octubre 2010 • 1 comentario

“Puede que llegue el día en que el resto de la creación animal recupere los derechos que nunca le hubieran sido arrebatados salvo por la mano de la tiranía”. Jeremy Bentham

Los que convivimos con animales y mantenemos una estrecha relación de amistad no necesitamos acudir a ninguna información científica que demuestre que los animales tienen un sistema nervioso similar al nuestro, y que por lo tanto, sienten dolor cuando están heridos o enfermos. Tampoco necesitamos que ningún científico asegure que disfrutan de la vida cuando son felices, y que entristecen ante las adversidades, porque es evidente. Hay quien afirma que no son inteligentes, entendiendo como inteligencia la capacidad de adquirir conocimientos y aplicarlos para resolver determinada situación. Esta opinión es fruto del desconocimiento interesado sobre la vida animal, ya que al rebajarlos, nosotros nos ensalzamos por encima de ellos, otorgándonos el derecho a utilizarlos como esclavos y arrebatarles la vida sin contemplaciones.

El ser humano se ha erigido como el Gran Dictador del planeta, disponiendo quién tiene derecho a vivir y quién no, o qué vida es más importante que otra. Como hemos decidido que nosotros somos los únicos que razonamos, les negamos esta capacidad a los que no se pueden defender con nuestras mismas armas. Nos autoproclamamos “humanos”, es decir, solidarios, bondadosos y caritativos, y negamos estas cualidades al resto de los animales, utilizando el término “animal” con desprecio, como un organismo vivo que solo reacciona por impulso. Pero ¿Prueban nuestros actos que el ser humano es caritativo, solidario y bondadoso? La pobreza, las guerras, la violencia, las injusticias, el desastre medioambiental ¿demuestran que somos tan inteligentes y racionales como creemos?

Resulta curiosa la actitud de algunas personas que necesitan, para cambiar su percepción respecto al trato discriminatorio con los animales, que la ciencia demuestre que son capaces de razonar, de sentir y disfrutar como cualquiera de nosotros. Pero estos individuos ¿necesitan que haya pruebas científicas de todo lo que ellos creen? Millones de personas creen en Dios y le adoran. Pero ¿ha demostrado la ciencia que Dios existe? Muchos de ellos también creen en la Vírgen y la veneran ¿Hay pruebas científicas que demuestren la existencia de la Vírgen? Otras creen en la inmortalidad del alma ¿Ha probado la ciencia que exista el alma y que ésta sea inmortal? Hay infinidad de creencias que no tienen ninguna base científica pero que, aun así, continúan siendo la guía principal en la vida de millones de personas, incluso muchos han dado su vida por esas creencias y se la han quitado a otros. Entonces ¿por qué no reconocemos el verdadero valor de la vida de los animales? Por orgullo, egoísmo y beneficio propio.

A menudo, los que defendemos a los animales, somos atacados por individuos que nos acusan de poner en el mismo nivel a las personas y al resto de los animales. Consideran ofensivo el tiempo que dedicamos a defenderlos, argumentando que “hay temas más importantes”. Llegan al límite de lo absurdo cuando nos requiminan por redactar un texto donde se condena la tortura y muerte de un toro, o de cualquier otro animal, tal y como se condena la tortura y muerte de un humano. Estos que se definen como solidarios, bondadosos, caritativos, religiosos y fervorosos creyentes ¿por qué dejan a un lado su supuesta bondad y caridad cuando torturan a un animal en honor a su Dios, la Vírgen o los santos en sus fiestas populares? Si los animales son “inferiores” y nosotros “superiores” ¿no debemos usar esa supuesta superioridad para protegerlos y socorrerlos?

En 1879, el filósofo británico Jeremy Bentham, después de que Francia acabara de abolir la esclavitud, expresó en su obra “An Introduction to the Principles of Morals and Legislation” (Introducción a los Principios de la Moral y la Legislación) refiriéndose a los animales: “Puede que llegue el día en que el resto de la creación animal recupere los derechos que nunca le hubieran sido arrebatados salvo por la mano de la tiranía. Los franceses ya han descubierto que la negrura de la piel no es una razón por la que un ser humano pueda ser abandonado sin remisión al capricho de su torturador. Quizá llegue el día en que se reconozca que el número de patas, la vellosidad de la piel, o la terminación de hueso sacro, son razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa debiera trazar el límite insuperable? ¿Acaso la facultad de razonar, o tal vez la facultad del lenguaje? Pero un caballo adulto, o un perro, es, más allá de toda comparación, un animal más racional, y con el que es más posible comunicarse, que un niño de un día, de una semana, o incluso de un mes. Supongamos, sin embargo, que fuese de otra manera, ¿cuál sería la diferencia? La pregunta no es ¿pueden razonar?, ni ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?”.

Sócrates, uno de los más grandes filósofos de la historia, también razonó sobre los peligros del orgullo y la tiranía: “El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir”.Orgullo, tiranía y arrogancia, características propias del homo sapiens…el Gran Dictador.

http://www.kaosenlared.net/noticia/la-tirania-del-gran-dictador