El especismo que mata burritos y envilece hombres

Una burrita muerta como consecuencia de las patadas que le propinaron un grupo de mozos y por haberle introducido un palo por el recto. Así de simple, pero de absurdo y de cruel es lo que ha sucedido en Torreorgaz (Cáceres), otro borrón negro en una España de eterno luto en lo que a actos de brutalidad extrema con los animales se refiere.

Los muchachos, un año más, decidieron que ese era un buen modo de celebrar su condición de “quintos”. Sí, han leído bien, de llamados por reemplazo a realizar el servicio militar. Aquí es cuando alguno se pregunta: “Pero, ¿ no ha desaparecido la mili obligatoria?”. Pues sí, lo ha hecho, pero lo que permanece es la estupidez humana, que unida a la ignorancia en forma de incapacidad para analizar las consecuencias hacia terceros de nuestras conductas y para sentir empatía por el padecer ajeno, deriva en estas acciones que bien podrían estar localizadas y fechadas en el rural español más profundo de la posguerra, sin embargo han ocurrido en Octubre de 2009 en una Población con conexión a internet.

El Presidente de la Junta de Extremadura ha dicho que no se deben de cargar las tintas contra los responsables, y los padres, que parecen muy abatidos, pero no por el daño irreversible que sus hijos le han infligido a ese desdichado animal, sino porque probablemente tengan que tirar de billetera para indemnizar al dueño, ruegan que se retire la denuncia interpuesta contra ellos.

Políticos comprensivos con los chavales, progenitores dispuestos a pasar por alto lo que sus vástagos han hecho… todo muy enternecedor y solidario, pero, ¿quién piensa en el miedo y en el dolor experimentado por la burrita?. Claro, se me olvidaba que es sólo un animal irracional, y encima condenado por esas mentiras que el hombre convierte en credo, al estigma de su presunta y falsa carencia de luces. Habrá que pensar entonces que la burra transformada en balón de reglamento, la burra violada y reventada internamente con una barra de madera, no merece la menor consideración para algunos que en cambio, guardan toda su compasión para los presuntos autores del crimen. Esto es antropocentrismo en su estado más puro, el antropocentrismo de los verdaderos burros, atendiendo a la acepción popular y muy poco afortunada de la expresión.

La indecente fosa en la que tendremos que arrojar el cuerpo lacerado de esta burrita está repleta de restos, muchos de ellos tan recientes que su sangre apenas se habrá coagulado. Entre los cadáveres más frescos, nos encontraremos con el de un perro con las cuencas de sus ojos vacías y muerto a pedradas, o el de otro con numerosos cortes y rastros de tremendas hemorragias, el de un gato al que despellejaron vivo, el de un can al que tiraron al Río Miño atado a una piedra… Algunos se asomaron al borde de ese agujero y sólo la “suerte” impidió que cayesen al mismo, como el gatito al que unos niños le rompieron la columna pero logró sobrevivir. En definitiva, que la maldad del hombre no conoce límite y precisamente por eso, no se lo podemos poner tampoco de momento al número de criaturas que aplastadas, quemadas, desolladas, ahorcadas, ahogadas o envenenadas, acabarán pagando con su vida el precio de su indefensión por ser irracionales.

El suceso de la burra ha hecho estremecerse a los defensores de los derechos de los animales, que aún acostumbrados a los episodios más macabros que se puedan imaginar, no dejan de asombrarse al comprobar hasta qué punto el sadismo humano puede envilecerse cada vez más y elige como víctima a aquellos cuya seguridad jurídica es prácticamente nula, y eso ocurre porque el maltratador suele ser un individuo extremadamente cobarde. Pocas personas implicadas en el movimiento animalista ignoran lo que ha pasado en Torreorgaz a manos de un grupo de chavales, pero, ¿podemos decir lo mismo del resto de los ciudadanos?.

Los medios de comunicación buscan sobre todo grandes titulares y dos de los condicionantes para considerarlos como tales, son la exclusividad y la novedad de la noticia. Hoy en día, la crueldad con los animales ya no es algo sorprendente y en ese sentido, ha perdido una característica imprescindible para que decidan hacerse eco de ella, al menos de forma destacada, las televisiones o los diarios. La gente se acaba aburriendo de hechos repetitivos y los responsables de los soportes informativos son conscientes de ello, al igual que tampoco hoy se preocupan por contarnos algo que siendo bueno o malo, en su momento constituyó un hecho de gran alcance pero que ya se ha convertido en algo común, como un trasplante de corazón con éxito o incluso cuestiones mucho más recientes, como la de un nuevo muerto por la Gripe A, reseña ésta que va perdiendo espacio y difusión según pasan las semanas.

Con los crímenes cometidos contra animales está pasando algo similar, que son tantos que ya dejan de interesar porque no llaman la atención. Si no son mediáticos no llegan a los ciudadanos, y si éstos, por cansancio o por desconocimiento no expresan su rechazo y su preocupación por los mismos, desaparece la presión sobre los responsables de establecer la legislación que les afecta, así como en aquellos encargados de aplicarla y de dictaminar las condenas por su transgresión; el resultado es que el asunto deja de ser prioritario, lo que normalmente le lleva a ser excluido de las acciones pendientes de estudio.

Esto, por supuesto que no lo van a admitir los políticos, que en todo momento nos hablarán de su gran inquietud por tales asuntos, dirán que figuran en sus agendas y tratarán de transmitirnos su profunda sensibilidad al respecto. Mentiras, eso es lo que son en la mayor parte de los casos, argumentos falsos que sólo pretenden evitar cualquier tipo de agitación social. Por eso mismo, me repugna oírles decir que van a comenzar a debatir cambios en la Ley de Protección Animal, pero ya avisan de antemano de lo prolongado del proceso y piden que entre tanto, cesen los ataques contra ellos por esta razón.

Ustedes, animales racionales metidos a políticos, en vez de asumir errores y carencias, lo que procuran es enmascarar su negligencia y despreocupación, y para ello se escudan tanto en la reglamentación respecto a plazos, como en el empleo de advertencias que no dejan de ser amenazas veladas. Pero esas estrategias no sirven cuando hay muertos de por medio. En otros aspectos las demoras no tienen mayor importancia; un torero, por ejemplo, podría esperar muchos años hasta que se aprobase su concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes sin graves consecuencias, de hecho, lo deseable sería que aguardase por ella toda su vida; pero cuando estamos hablando de crímenes y de víctimas, el único adverbio de tiempo admisible es “ahora”, porque esperar es seguir llenando la fosa de la que hablaba y de eso, aunque no rocíen de gasolina al animal y le prendan fuego directamente, se están encargando Ustedes.

Ustedes y la indiferencia de los ciudadanos, que si bien en su mayoría no son seres embrutecidos y condenan estas acciones, tampoco causan en ellos el estupor y repulsa que merecerían. Otra cosa sería, claro, que el agredido fuese una persona. Si nos cuentan que un joven ha sido atacado por una docena de personas, que le han pateado y le han metido un palo por el ano hasta acabar con su vida, todo el País se estremecería con la noticia y los políticos intervendrían en el debate inmediatamente. Pero es sólo una burra, y no se puede decir lo mismo del especismo que nos aqueja que de la brutalidad, si ésta es escasa, el otro es inherente al hombre; esta distinción que hacemos del sufrimiento ajeno en función de la especie de la víctima, es la que permite que un mismo acto y de idénticas consecuencias, produzca horror o pase desapercibido según la naturaleza del muerto. Y no es justo, ni justo ni habla en beneficio del ser humano. De demostrarse su autoría, los causantes del sufrimiento y de la muerte de la burrita, deberían de ser condenados a una pena de privación de libertad con cumplimiento efectivo de la misma. No ha sido una travesura inocente, sino un crimen repugnante y repetido.

http://findelmaltratoanimal.blogspot.com/

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~ por Marga en 11 noviembre 2009.

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